Sólo compito conmigo mismo

Domingo, 06 de Septiembre de 2009 00:00
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Cochabamba: Es uno de los periodistas más influyentes en Bolivia. Maestro generoso, sigue produciendo “maniáticamente” a pesar de los años. Acaba de recibir la más alta condecoración que otorga la Universidad Mayor de San Andrés.

“Uy, qué linda, ¿Cuánto graba? ¿Cuánto vale?, ¡Qué maravilla!”, dice el Dr. Luis Ramiro Beltrán, admirado de la grabadora digital con la cual le hacemos esta entrevista, aunque no deja de mirar al aparato con un poco de desconfianza como dudando de que algo tan pequeño pueda hacer bien su trabajo.

Indudablemente la tecnología no es para él, que sigue tecleando con dos dedos en su vieja máquina de escribir Remington. Siempre recalca que si no fuera por Nora, su esposa y cómplice, quien junto a la secretaria se esmera en desenredar los nudos creativos del veterano periodista para traducirlos al lenguaje cibernético, estaría perdido.

Con esta ayuda invalorable, Luis Ramiro Beltrán es uno de los más prolíficos autores bolivianos y tiene decenas de libros publicados acerca de la comunicación y el periodismo. Ha sido ganador de varios premios internacionales y nacionales y recién fue condecorado con la medalla Andrés de Santa Cruz, la máxima distinción que la Universidad Mayor de San Andrés confiere a los intelectuales destacados, junto al título de Doctor Honoris Causa.

En esta entrevista nos habla de su trayectoria, de sus proyectos, de su visión del periodismo actual e incluso de la muerte, a la que no teme. Pocas son las personas que funcionan desde la esencia y no aparentan ser más de lo que son; esas son las personas notables, las que verdaderamente dejan huella y así es Luis Ramiro Beltrán.

¡OH!:  Decididamente está Usted peleado con la tecnología…
Confieso que sigo escribiendo con dos dedos, pero es simple ignorancia. Siempre he sido torpe con los dedos y muy malo para las máquinas y los números, no tengo máquina de afeitar, ni chequera, ni nada… Si no fuera por Norita que es la tesorera, no sé qué haría.

¡OH!:  Sin embargo, ¿Qué haríamos los periodistas de hoy sin la tecnología?
Las tecnologías modernas ayudan al periodista, amplían la posibilidad de comunicación, aunque permiten también mandar basura. ¿De qué sirve manejar aparatos si mentimos o no verificamos la noticia?

¡OH!:  Hablemos del tema de la ética…

Yo me acerqué un poco a este tema cuando fui Defensor del Lector para los ocho periódicos del grupo Líder, e hice una comparación respecto a que el periodismo boliviano no está rezagado respecto al resto de la región, en el sentido de técnicas informáticas y electrónicas. Hoy un periódico puede ser rápidamente hecho en la casa de cualquiera.
El periodismo actual se ha remozado en el manejo y presentación de las noticias, y hasta en el diseño que es más fácil en pantalla. En lo técnico hay un ascenso, pero la ética ha ido en descenso. La ética periodística de hace 30 años, era menos mala que la de hoy. Para mí hay factores que explican esto, primero la competencia, demasiados medios para un país pequeño y una torta publicitaria más pequeña aún, lo que se nota sobre todo en televisión, donde se hace cualquier cosa por ganarle al otro.
Por esa caída de la ética han surgido los Observatorios de Medios o se quiere hacer hace años un Consejo Nacional de Ética. Varios periodistas han venido denunciando este asunto de la ética, pero no hay progreso al respecto.

¡OH!:  Está funcionando hoy en día la técnica de “matar al mensajero”…

Es riesgoso el periodismo con la violencia política que se está descargando en todo el mundo, México, Brasil, Colombia… Pero también indica que el valor supremo del amor a la verdad no está funcionando muy bien y que cada uno tira por su rumbo. Los casos de agresiones físicas a los periodistas son terribles e injustificables, nunca justifico la violencia, incluso ahora hay gente que se organiza para perseguir periodistas. Es increíble.

¡OH!:  ¿Tiene tanto poder la prensa?

Como se ha desplomado el sistema democrático, no sólo en Bolivia sino en toda América Latina, al hundirse los partidos políticos o al haberse debilitado, el poder de decisión ha pasado a la prensa en muchos casos. Hoy se puede decir que el apotegma de que somos el cuarto poder, más que nunca está cercano a la realidad. Es en la prensa donde hoy se hace la política, mucho más que en la calle o en los balcones, y los políticos buscan estar en los medios a cualquier costo. Y también es cierto que algunos periodistas se han mareado con ese poder.

¡OH!:  ¿Es la vanidad, el ansia del poder, defectos prevalentes en los periodistas?
Sí, a algunos a veces se les va la mano y se sienten con autoridad. Hay un vacío de poder y quieren llenarlo decidiendo quién es bueno o malo sin siquiera comprobarlo. Digo algunos en el sentido de pocos, no es la norma, pero el periodista no siente que la ética sea una norma primordial y eso es muy delicado porque este es un oficio que puede hacer y deshacer seres humanos, instituciones, etc.

¡OH!:  ¿Ha sentido alguna vez esa vanidad?
No está entre mis defectos principales, tengo muchos, pero la vanidad no es uno de ellos. Debe ser el temperamento y la formación que me dio mi madre. Yo trabajo día y noche, soy un maniático laboral desde chico, nunca he hecho nada por ganarle a alguien, no sirvo para concursar, sólo compito conmigo mismo y no buscado más recompensas que el placer de hacer. He tenido mucha suerte de que algunas capacidades mías hayan sido distinguidas. No me hago al humilde pero hay otra gente que tiene méritos y que nadie reconoce. En este sentido yo tengo fortuna.

¡OH!:  ¿Qué significan para usted estas recientes condecoraciones?

Un gran estímulo espiritual, es algo inesperado, algo que nunca he soñado. Puede ser para otros una motivación perfectamente lícita que al final del camino se tenga alguna recompensa, pero para mí lo es que funcione bien. Por eso soy un terrible perfeccionista, lo cual es una calamidad. Soy el primer crítico de mí mismo, no me gusta lo que escribo y vivo constantemente cambiando. Otros hacen en media hora lo que yo hago en dos semanas. Dependo mucho de mi mismo y no me ocupo de querer ganarle nada a nadie. No sirvo para eso.

¡OH!:  ¿Le teme a la muerte?
Yo tengo miedo a la muerte solamente en un sentido, porque la muerte es la ley de la vida, aunque parezca paradójico. Sólo le pido a Dios tener una muerte rápida donde no sufra y sobre todo no haga sufrir. Norita y yo estamos solos, otras parejas tienen familia e hijos y cómo defenderse, pero si yo fuera afectado por una enfermedad de largo plazo, sería un calvario para mi esposa y yo no podría aguantarlo. Tengo temor a eso, pero no a morir.

¡OH!:  Imagino que está usted consciente de la influencia que ha tenido y que tiene en las nuevas generaciones…

Si le sirve algo de lo que he hecho a alguien, me hace a mí mejor, me contenta mucho, pero no me considero ningún gran maestro. Educar es enseñar a pensar libremente, no a que se tengan que adoptar dogmas de otros. Si he sido maestro, ha tenido que ser en ese sentido. He escrito mucho, me ha ido muy bien, mis libros han circulado, tengo buena aceptación dentro y fuera de Bolivia. Como profesional no puedo esperar nada mejor.

¡OH!:  ¿Y como persona?
Como persona quisiera ser menos maniático laboral, para que descanse mi mujer a quien tengo muy atareada, y para producir yo varias cosas. Tengo trancado un libro sobre mis padres hace 20 años, y tengo un par de novelas que amo que están en garabatos. He escrito más de lo que se ha publicado y quiero hacer una selección. Ya he obsequiado varios libros a distintas instituciones y voy a seguir regalándolos. Yo no tengo hijos, cuando me vaya, ¿Qué va a ser de Norita con todo esto? Ruego a Dios que no me lleve sin haber cumplido con la promesa que hice de hacer ese libro sobre mis padres.


El perfil

Nacido en 1930 en Oruro, Bolivia, de padres periodistas, Luis Ramiro Beltrán Salmón es periodista y escritor así como comunicador y comunicólogo. Entre 1942 y 1955 hizo periodismo en su ciudad natal y luego en La Paz. Fue redactor de los diarios La Patria y La Razón a la vez que de Radio El Cóndor, así como corresponsal del Chicago Tribune y director fundador del semanario Momento.

Por otra parte, tuvo ocasionalmente actividad en relaciones públicas, publicidad comercial y propaganda política y fue guionista de cine documental. Comenzó a trabajar en comunicación para el desarrollo en 1953 en La Paz, para lo que recibió capacitación universitaria de alta intensidad en corto plazo en Puerto Rico y en Estados Unidos de América. Contratado luego por el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas de la OEA para hacer —desde Costa Rica primero y luego desde Perú— labor docente en este campo, trabajó al nivel regional de 1955 a 1964.

Entre 1965 y 1970 estudió comunicación y sociología en la Universidad del Estado de Michigan, la que le confirió en 1968 la Maestría y en 1972 el Doctorado.

Habilitado por dicha formación para la investigación científica, de retorno a Latinoamérica en 1970 se destacó internacionalmente en la década del mismo y en la siguiente como uno de los  fundadores de la “Escuela Crítica Latinoamericana de Investigación en Comunicación”. Trabajaba entonces desde Colombia para la OEA, después para el canadiense Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo y finalmente para la Unesco desde Ecuador. Entre los más celebrados de sus aportes a esa reflexión académica están sus denuncias sobre la comunicación para la dominación interna y la dependencia exterior, sus precursoras propuestas para políticas nacionales de comunicación, sus lineamientos hacia un nuevo modelo de comunicación democrática y sus consideraciones sobre la necesidad de un nuevo orden internacional de la información y la comunicación. Algunos libros y numerosos artículos de su autoría dan constancia de ello.

Poeta premiado en su país, Beltrán es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua y autor de un poemario y de una antología de la poesía boliviana publicada en Colombia, así como editor de un libro sobre la pionera revista “Feminiflor” de Oruro de principios de la década de 1920. Y ganó en Ecuador en 1987 el Premio único de Teatro por su obra “El Cofre de Selenio”.

Se reintegró a su país en 1991, año en que estableció y dirigió el proyecto estatal de la Reforma Educativa Nacional. Trabajó al servicio de la Universidad John Hopkins en comunicación para la salud entre 1992 y 2004 como Consejero Regional para Latinoamérica. Electo por el Congreso Nacional, presidió la Corte Nacional Electoral en 2001 y 2002. Además, de mediados de 2003 a mediados de 2004, volvió al oficio de prensa en calidad de primer Defensor del Lector para la entidad que agrupa a ocho de los principales diarios de Bolivia. Y actualmente es asesor de la Asociación Nacional de la Prensa y del Consejo Nacional de Ética Periodística.

Entre las muchas distinciones que le han sido otorgadas a Beltrán, en el exterior y en su patria, por su trayectoria de 66 años de labor profesional sobresalen el Premio Mundial de Comunicación McLuhan-Teleglobe del Canadá (1983), la condecoración del Cóndor de los Andes de Bolivia (1983), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Técnica de Oruro, de la Universidad Católica Boliviana (La Paz), de la Universidad Mayor de San Simón (Cochabamba) y de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz), todas ellas bolivianas.

Por: Oblitas Mónica

Fuente: Los Tiempos